Amor, ¿nos abrimos?

Éramos pareja abierta… ya llevábamos unos años que apenas teníamos sexo entre nosotros. Pero esto no me lo esperaba. Cuando me dijo que teníamos que hablar no me podía imaginar que se iba… me dice que se iba… que ha conocido a otro. ¿Por qué? Pero si conmigo lo tenía todo… hasta libertad: ¡toda la que quería! ¿Qué he hecho mal?

Amor, ¿nos abrimos?

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–  Puede que nada, o puede que algo. Las rupturas casi nunca son culpa de uno solo pero, en lo referente a la apertura de la pareja, quizá sí que haya algo de lo que hablar.  Esto de abrir la pareja puede salir muy bien… o muy mal si no sabe hacerse. Creo que, en este duelo tuyo, lo mejor será que analicemos en qué te habras equivocado. Para que no vuelva a sucederte.

El ciclo del amor romántico y la implicación del deseo sexual en la formación del vínculo afectivo

Las razones por las que una pareja puede permanecer unida pueden ser muy variadas pero, en nuestra cultura y en el presente momento histórico, la mayoría de parejas que se mantienen, lo hacen en base a que siguen experimentando algo que conocemos como “amor”. Cuando ese algo se esfuma, las probabilidades de que la pareja se rompa se incrementan si bien es cierto que hasta que no aparezca un detonante (discusiones graves y frecuentes o una tercera persona), es probable que la relación se mantenga intacta. Lo habitual es que, como muchas parejas afirman, su amor cambie con el paso de los años y pase de ser un amor eminentemente sexual a convertirse en un amor más basado en la intimidad y en un proyecto compartido.

Ciertamente así es. La historia natural del amor es un proceso que se inicia con un estallido hormonal y neuroquímico donde la norepinefrina y la dopamina nos vuelven semiobsesivos y hacen que busquemos sin descanso la compañía del amado. Nos focalizamos en él y le pensamos a cada rato. Tratamos de superar cualquier obstáculo (distancia, inconvenientes, horarios, etc.) que nos impida estar a su lado movidos, no sólo por la dopamina, sino también por la testosterona que, además de hacer que estemos calientes como el pico de una plancha, nos proporciona un extra de dinamismo para sortear cualquier barrera que pudiera impedir que cojamos con él.

Tras el orgasmo liberamos oxitocina, la misma hormona que segregan las mujeres en el momento de dar a luz. La “hormona del amor” hace que nuestro cerebro establezca un lazo afectivo con las personas que se encuentran cerca cuando experimentamos ese orgasmo. Durante todo el proceso de enamoramiento se segrega, de hecho, mucha oxitocina y, gracias  a ello establecemos vínculos afectivos.

Si lo piensas, esto de estar siempre cachondos y pasarse los días cojiendo como conejos al principio de la relación, tiene una finalidad desde el punto de vista de la afectividad: entre y cojida y cojida se charla y se puede conocer al otro. El deseo de hacer cosas en su compañía, además de para estar todo el día dale que te pego, sirve para que promovamos situaciones en las que compartiremos tiempo y nos comunicaremos. Y comunicarse permite conocerse, conocerse permite evaluarse y, evaluarse, permite saber si él es un hombre con el que podamos desarrollar un proyecto de vida que sintamos compartido. ¡Anda, hombre, resulta que tanto sexo tiene como finalidad entrelazarse en un proyecto futuro al que nuestra cultura ha llamado matrimonio! Y es un proyecto largo, porque la crianza de nuestros bebés lleva años hasta que son autónomos… por eso la naturaleza prepara enamoramientos de varios años de duración. Y no me vale que me digas que lo de reproducirse es cosa de heteros, a estas alturas de siglo a nadie le cabe duda de que los homosexuales también formamos familias (y luego hablare sobre este tema).

Sin embargo, el deseo… el puro deseo sexual no es algo que se mantenga durante años. La autora de “Inteligencia Erótica”, Esther Perel, nos lo cuenta en esta charla TED (vídeo): “pretendemos que la misma persona nos proporcione seguridad, estabilidad, confianza… ¡y deseo, aventura y sorpresa!”. Mantener el deseo sexual en relaciones a largo plazo necesita de un continuo esfuerzo por ambos miembros de la pareja para conciliar la paradoja de pedir a la misma persona que nos provoque emociones antagónicas como seguridad-sorpresa o ternura-morbo. Es realmente complicado, especialmente y como dice Perel, si tenemos en cuenta que ahora vivimos 40 años más de lo que originariamente nuestro diseño biológico tenía previsto. Así que, para hacer perdurar el deseo sexual durante tantos años, las parejas necesitan recurrir a todo un abanico de recursos (y mucha inventiva). Veamos, pues, algunas de las opciones posibles.

Y, ahora, ¿qué hacemos?

Bueno, las alternativas son muchas y, con facilidad, encontrarás ejemplos de parejas que han optado por una u otra. Voy a intentar resumirlas por aquello de sistematizar pero siempre siendo muy consciente de que son descripciones muy a grosso modo y que la realidad está llena de muchos más matices:

  1. Se acaba la relación: la pareja ha perdido el interés mutuo, ya no se dicen nada el uno al otro y creen que es mejor dejarlo y buscar otros hombres con los que reiniciar sus respectivas vidas amoroso-sexuales.
  2. Seguimos juntos y asexuados: ya no tenemos sexo y, ni siquiera, lo buscamos. A veces miramos porno (por separado) o nos aliviamos con una chaqueta cuando nos duchamos. Con eso ya nos sentimos sexualmente satisfechos.
  3. Nos lo organizamos: somos conscientes de que una vida sin sexo con otras personas no es lo que queremos y tratamos ponerle remedio. En ese caso vamos a encontrar dos alternativas:
  4. No lo hablamos entre nosotros: busco sexo pero sin hablarlo con mi pareja. Es el típico caso, todos hemos oído de alguno, de “… -mi marido y yo hace tres años que no hacemos el amor y yo me divierto por mi cuenta… ¿qué hace él? pues imagino que también se divierte por su cuenta pero no es algo que hayamos hablado”.
  5. Sí lo hablamos entre nosotros y decidimos que nuestra mejor opción es:
  6. Lo solucionamos en dúo. Queremos renovar la pasión en nuestra relación y consultamos libros, webs, terapeutas, etc. para volver a disfrutar del sexo apasionadamente entre nosotros. Nuestro modelo es el monógamo cerrado y queremos que así siga siendo. Jugamos a interpretar fantasías, probar nuevos lugares, inventamos juegos… pero siempre entre nosotros dos.
  7. Abrimos la pareja. Esta es una de las alternativas más frecuentes entre nosotros los homosexuales pero también una de las que genera más problemas. Por esta razón le voy a dedicar este artículo y podcast del que, hasta ahora, sólo he explicado la introducción.

ARTICULO: 9 Leyes de una relación amorosa feliz

Como observarás en el diagrama de flujo, el párrafo anterior se resume en cinco preguntas que debes formular siguiendo un orden (una especie de “test de la pareja abierta”). Si contestas “no” a las preguntas, te sale un resultado y, si contestáis “sí”, pasas a la siguiente pregunta.

  1. ¿Seguiremos juntos?
  2. ¿Tendremos sexo aparte de con nuestras propias manos?
  3. ¿Hablaremos en pareja de lo que le sucede a nuestra vida sexual?
  4. ¿Incorporaremos a otras personas en algunas de nuestras experiencias sexuales?
  5. ¿Seremos prioritarios el uno para el otro?

Pero sigamos, sigamos

Amor, ¿nos abrimos?

Como ya hemos visto, en nuestra cultura y momento histórico, las parejas se unen por amor y es el amor el que las mantiene. El deseo sexual es parte inherente del amor pero, debido a factores como la costumbre y la rutina, es normal que este deseo desaparezca (o se atenúe) dentro de una pareja que ya llevan unos años juntos. Y por “normal” quiero decir “habitual, lógico, frecuente” y no “obligatorio” o, lo que es lo mismo: no estoy diciendo que forzosa y necesariamente le tenga que suceder a todo el mundo, estoy diciendo que le sucede a mucha gente y que es efecto de la propia química cerebral (perdona la aclaración, ya sé que tú no la necesitabas pero hay alguno que aún no ha sacado su cerebro del embalaje y me envía cada comentario que se me quedan los ojos del revés). ¿Qué hacemos en ese momento? Ya hemos visto las diferentes alternativas y, también, que el propósito de este artículo / podcast es hablar de la “apertura de la pareja”. En la siguiente tabla verás una serie de factores y una serie de “tipos de pareja” que te explico a continuación. Para los consejos e indicaciones me he basado en el análisis y observación de aquellas parejas a las que les ha funcionado bien la apertura/permeabilización y explico cómo estas parejas han conseguido que les funcione tan bien. No estoy diciendo que sea la solución para todas las parejas, estoy diciendo que si es su solución como pareja concreta, aquí va una ayudita para que sea la mejor solución.

Tipo de pareja Exclusividad sexual Sexualidad como proyecto compartido Confianza, comunicación, intimidad Prioridad de la pareja
Cerrada No necesariamente No necesariamente
Permeable No
Abierta No No No necesariamente
Disgregada No No No No
  • Por exclusividad sexual me refiero a si los miembros de la pareja tienen (o no) sexo exclusivamente entre ellos o si lo tienen también con otras personas.
  • Por sexualidad como proyecto compartido me refiero a si los miembros de la pareja entienden que la sexualidad plena es algo que deben incluir dentro de sus objetivos como pareja y que, por tanto, merece esfuerzos conjuntos para que ésta sexualidad sea satisfactoria y feliz. El proyecto compartido es lo que hace que una pareja siga unida: si no hay un proyecto común, los novios no suelen durar mucho más tiempo juntos.
  • Por confianza/comunicación/intimidad me refiero a si los miembros de la pareja son sinceros y transparentes entre sí, si hablan incluso de temas espinosos y si tratan de encontrar soluciones dialogando. No hace falta que insista en la relevancia de la comunicación para el éxito del proyecto de pareja.
  • Por prioridad me refiero a si los miembros de la pareja se priorizan el uno al otro, si prefieren pasar tiempo juntos antes de con otros, si prefieren sexo entre ellos antes que con otros, si procuran el bienestar el uno del otro por encima del bienestar de otras personas (excepto hijos, claro está). Si tu pareja ya no es tu prioridad, habras entrado en la cuenta atrás hacia la separación.
  • Por pareja “cerrada” entendemos la pareja monógama que tiene sexo exclusivamente entre ellos.
  • Por pareja “abierta” entendemos la que, sexualmente, se lo monta cada uno por separado además de cojer entre ellos. Aún mantienen un vínculo de compromiso pero es fácil que uno de los dos se termine enamorando de un tercero si son frecuentes los encuentros sexuales por separado.
  • Por pareja “permeable” entendemos la pareja que ha hablado de la posibilidad de transformar, de vez en cuando, sus relaciones sexuales en relaciones sexuales donde se permite entrar a otras personas (tríos, grupos) o hacer intercambios de parejas al estilo swinger. Siguen teniendo sexo entre ellos y se implican en hacer que sea un sexo satisfactorio y divertido al mismo nivel que cuando follan con otros. Las diferencias con la anterior son que: la pareja permeable rara vez se lo monta aisladamente, la pareja permeable planifican juntos el con quién quedar para un trío o si se van una noche a una orgía en un sex-club (allí se lo pueden montar por separado, ¡tampoco son siameses! pero van juntos y vuelven juntos) y que la pareja permeable se esfuerza por vivir también momentos románticos y sexualmente morbosos entre ellos. La pareja permeable entiende que el sexo, aunque no sea exclusivo con el novio/marido, sí que es prioritario con él y, además, vive esta sexualidad ampliada como un elemento más de su proyecto de vida compartido (y sí: puede que tú estuviese llamando “abierta” a lo que yo defino como “permeable”, lo importante es el contenido, no tanto la palabra en sí).
  • Por pareja “disgregada” entendemos la pareja que, en realidad, no son más que compañeros de piso y que, de novios, no tienen más que el nombre: no follan, no se hablan, no se divierten juntos (o se divierten “como amigos”), no son nada… pero, por la razón que sea, aún no han roto. Yo, aunque sí se entiendan y sí tengan compromiso, incluyo en este apartado las parejas cornudas porque creo que la traición es un síntoma claro de disgregación aunque, en la superficie, apenas sea visible este distanciamiento.

Evidentemente, el modelo óptimo de pareja sería aquel donde el mayor número de estos cuatro factores puntuara “sí”.  En principio, tendemos a pensar que esto sólo se produce en las parejas cerradas pero, si te fijas, en las parejas cerradas no necesariamente se vive la sexualidad como un proyecto compartido ni se habla con sinceridad de todo. Se hace lo que se supone que debe hacerse pero por una obligación externa (“qué dirán”/”qué pasará si se sabe”) y eso de la falta de la comunicación, en algún punto u otro de la relación, termina explotando. La pareja cerrada sería óptima sólo en el caso de que haya comunicación y la sexualidad se viva como un proyecto compartido. Si no es así, la pareja permeable, gana a todos los demás modelos por goleada.

¿Invento gay?

Hay quien dice que a los homosexuales nos están asimilando los patrones heteronormativos sobre la pareja. No seré yo quien niegue la responsabilidad de la heteronormatividad en, por ejemplo, la homofobia interiorizada o en el estrés postraumático que muchos de nosotros sufrimos. Tampoco negaré que el modelo de “matrimonio dulzón y mojigato” que nos vende las películas es bastante ficticio (¡también para los heteros!) pero considerar que el modelo familiar clásico es heteronormativo y que, por contraposición, el modelo “gay natural” es el de las poliandria o el de las relaciones abiertas me parece (a) una falta de respeto hacia los homosexuales que, desde la sinceridad de sus sentimientos, prefieren una relación cerrada y (b) una tremenda falta de conocimiento sobre los heterosexuales, cosa que suele ser fruto de dos elementos:

  1. No tenemos muchos amigos heterosexuales o los que tenemos son un poco “antiguos” (las cosas como son).
  2. Nos falta un poco de información… y trataré de aportar un poco de luz en ese sentido.

Los seres humanos hemos vivido la sexualidad de muy diversas formas y eso se refiere no solamente a los homosexuales sino también a los heterosexuales. Decir que el modelo heterosexual es el modelo de pareja cerrada es desconocer la heterosexualidad o creerte que, porque tu único referente era el matrimonio aparentemente cerrado de tus padres, todos los heterosexuales serían monógamos y pareja cerrada. No te engañes: no es así. Si entras en una web de contactos como “Mil Anuncios” y clickas en la sección de “Parejas liberales” te encontrarás con casi 50.000 anuncios de parejas heterosexuales que buscan alguien para hacer tríos, intercambio de parejas o participar en fiestas de sexo grupal. Y no se lo montan nada mal: los negocios dedicados a celebrar fiestas de intercambio de parejas y orgías heterosexuales funcionan muy bien y cuentan con locales por todo el país: http://www.laswingonline.com/ http://www.fusionvip.com/ o http://www.oopsbarcelona.com/. Aunque apenas se hable de ellos, en México (por ejemplo), hay casi más clubes de intercambio de parejas que lugares de encuentro gay  y, si nos dedicamos a investigar un poco, seguro que encontramos resultados similares en en varia parte de Latino America etc. No debe sorprendernos: los heterosexuales son mucho más numerosos que las personas LGTB, así que no es de extrañar que tengan más locales que nosotros. Lo que quizá te sorprenda es darte cuenta de que los heteros son mucho menos mojigatos de lo que te habían contado. Si miras un poquito atrás en la historia, verás que, hasta la terrible represión sexual de las religiones abrahámicas (monoteístas), las sociedades humanas han canalizado su sexo lúdico de muy diversas maneras: bacanales, fiestas dionisíacas y/u otros rituales orgiásticos ligados a la fecundidad… además de todas esas aventuras sexuales que se nos describen en obras como el Decamerón o Las Mil y Una Noches (donde infidelidades e intercambios de pareja aparecen sin cesar).

Pero, aún hay más: considerar que el modelo de los homosexuales el de pareja abierta, es un error del mismo calibre y encierra mucha homofobia interiorizada. Los homofóbicos siempre han defendido que los homosexuales somos, por naturaleza, poco dados al compromiso y que no merecemos un derecho como el del matrimonio porque no somos capaces de dar al matrimonio la relevancia que tiene. De los gays se espera que seamos promiscuos, sentimentalmente inconstantes e infieles: una especie de seres de segunda categoría en lo que a sentimientos se refiere.

¿Ves? (1) Los heteros también tienen “sexualidad ampliada” y (2) el creer que “lo gay” es tener pareja abierta es un prejuicio homofóbico (que los “gays, esencialmente, somos promíscuos”). La sexualidad ampliada es tan propia de los heteros como es propio de los homosexuales enamorarse y ser fieles. Pensar lo contrario es desconocer la realidad de ambos grupos. En ese sentido, curiosamente y a nivel social, lo que ha sido revolucionario de verdad, ha sido la irrupción de las familias homoparentales. Que los maricones nos dediquemos a chupar penes subidos a una carroza por mitad de la calle (lo he visto) pensando que somos muy rompedores y que estamos haciendo uso de nuestra sexualidad libremente, también es una perpetuación de lo que los homofóbicos esperan de nosotros: el maricón sólo sirve (dicen) para chupar penes y dar escándalo. Sí, es cierto que no deja de ser un ejercicio de libertad sexual pero yo quiero señalar que describir esto como un ejercicio revolucionario de libertad a la vez que se proclama que el matrimonio y tener una familia es asimilacionismo, es hacerle el juego a la homofobia. No existe ninguna razón por la que las personas homosexuales debamos ser diferentes de las heterosexuales en lo que al instinto maternal/paternal o a la fidelidad/exclusividad sexual se refiere. Y no sólo eso: la libertad sexual es maravillosa pero ya no es tan revolucionaria. En este siglo paradójicamente y en lo referente a las personas homosexuales, la revolución ha venido de la mano del modelo clásico de familia. Que los gays y las lesbianas formemos familias, asistamos a las reuniones de padres y madres de alumnos y seamos miembros integrados en la comunidad, sí que ha sido revolucionario porque es lo único que jamás en la historia se hubiese imaginado nadie que podría ocurrir. Invitar al cumpleaños de nuestra hija al resto de niños de su clase y que vengan a nuestra casa acompañado de sus padres es algo que nadie, y mucho menos los homófobos, podría pensar que sucedería. Y ha ocurrido en apenas una década. Y ha cambiado el modo en que el mundo nos ve a los homosexuales. Y nos ha hecho iguales. Y lo ha hecho para siempre. ¡Eso sí que ha sido una revolución!

¿Cómo permeabilizar nuestra pareja con (algunas más) garantías de éxito?

Permeabilizar una relación consiste en que el sexo deje de ser algo que los miembros de la pareja practican exclusivamente entre ellos para acordar que puedan practicarlo con otra/s persona/s. Lo que se permeabiliza es la sexualidad pero nunca la intimidad ni el proyecto compartido, que siguen siendo exclusivos de la pareja. En este punto yo doy por sentado que haber hablado del tema y que a ambos les parece adecuado tener sexo con otros hombres en algunos momentos. También que, entre los dos, preparen encuentros sexuales abiertos en los que ambos disfruten al mismo nivel de una nueva situación morbosa pero que, en ningún caso, sustituirá el sexo entre ustedes. Si vas a permeabilizar a nuestra pareja, lo mejor es que tengas claras unas cuantas cosas comenzando por si, de verdad, lo deseas. A veces, el desamor comienza a mostrarse mediante el desinterés. Si estan de verdad seguros de que lo se aman pero el sexo ya es un poquito rutinario, ok, pero si lo que realmente les sucede es que ya no se desean/aman, tener el valor de romper la relación, no sean conformistas. Sustituir el sexo que deberían tener entre ustedes por el sexo con otros sólo consigue posponer la ruptura. Aparte de si lo seguen queriendo, hay una serie de puntos críticos que es (muy) bueno que tengan en cuenta:

  • Es importante que entiendas que la habituación y pérdida del deseo son un proceso natural y que no significa, en absoluto, que ya no te interese. Uno se acaba acostumbrando a la pareja y se necesita un esfuerzo para mantener el deseo. Le pasa a todo el mundo, también a la gente que se ama (¡no seas dramático, maricón, ni confundas sexo con amor!).
  • En ese sentido, empatizen el uno con el otro. Entender que lo que haces, lo haras  para mejorar tu sexualidad lúdica (la que se tiene por placer y que se experimenta subjetivamente de una forma distinta a cómo se experimenta subjetivamente la “sexualidad vinculada” que es la que se tiene con hombres por las que sientes algo).
  • Es bueno que se conozcan a si mismos. Si tú jamás-en-la-vida-ni-loco-harías-un-trío-ni-un-intercambio, dilo desde el primer momento, háblalo con honestidad. Lo peor que puedes hacer es sabotear tu pareja para seguir siendo cerrados u obligarte a ti mismo a hacer un trío que no deseas en absoluto, sólo por no perderlo a él. Sabe lo que te gusta y comunícalo con honestidad. Nada es malo ni bueno: simplemente se coincide o no (asume que, tal vez, no coincidieron y punto).
  • Aunque parezca obvio, no des nada por supuesto ni sobreentendido: las cosas se hablan clara y directamente.
  • Ampliar los límites de nuestras relaciones sexuales y participar de encuentros con terceros, grupos u otras parejas, se hará con el propósito de romper la rutina de nuestras relaciones pero con el objetivo de que nuestras relaciones “a solas” sigan produciéndose y hasta resulten más excitantes. Lo que se busca, es mejorar la chispa de nuestro sexo a dúo. Si nuestro sexo a solas es cada vez más soso, plantearnos que necesitas hacer algo más que abrir nuestra pareja.
  • Es más, preparate para ponerse ñoños porque el incremento de la confianza lleva al incremento de la sensación de intimidad, a la vivencia de que tienes algo especial entre nosotros que merece la pena cuidar con esmero y al final, se sentiran más enamorados el uno del otro (en serio: ¡¡sucede!!).
  • Otro tema importante es tener muy claro (insisto) en que ambos son la prioridad para el otro. Eso significa que si nuestra pareja tiene un problema, lo vaz a concentrar prioritariamente en solucionarlo pero, también, que pasar tiempo con tu novio tiene que apetecerte más que cojer con otros… si no es así, es que la relación ya no es tan gratificante y (si no lo solucionas) amenaza ruptura en 3…2…

Cinco consejos básicos para su primera vez:

  1. Expresen, ambos, sus condiciones: qué tipo de cosas sí harían y cuáles no (por ejemplo: tríos sí pero no orgías), con qué tipo de hombres se quieren acostar y dónde van a ir a buscarlos (apps, clubes, chats…), si buscas un activo/pasivo/versátil, si te gustaría jugar a sexo sumiso o tener sexo vainilla. Planear si los besos en la boca estarán permitidos o no, etc. ¡planear teniendo presentes todos los puntos y detalles!
  2. No establezcas relaciones personales con los que hacen los tríos. Buscar gente de buen rollo y tomar un café antes para conocerlo pero, una vez cojido, adiós muy buenas. Ni un trío es el sitio en que un soltero va buscando amigos (y, si lo hace, tiene un problema de habilidades sociales) no es aconsejable intimar porque las hormonas te pueden jugar malas pasadas y confundir mucho y hacerlos creer que te has   enamorado de algo que no es más que una diversión..
  3. Hablar también después del encuentro: ¿qué les ha gustado?, ¿qué cambiarian?… las cosas no salen perfectas desde el primer intento. Todo, absolutamente todo necesita práctica y, esto del sexo ampliado, también. Un punto importante: es frecuente, en un trío, que el tercero preste más atención a uno de los dos miembros de la pareja (es muy difícil atender a cada uno al 50% exacto). Si les ha sucedido, comentarlo y, en la siguiente ocasión, solucionarlo. Lo mejor es que, el que se sienta menos atendido, tome la iniciativa y pida asertivamente más atención (nada de “…es que se ha dedicado sólo a ti…”, mucho mejor “…eh, chato, ven, que yo también quiero…”). Si el tercero insiste en dedicarse sólo a uno de ustedes recordarle que ha venido a un trío, no a follar con uno mientras su pareja mira (¡es bueno ser muy claritos!)
  4. Permanecer fieles a sus pactos y, si cren que deben cambiar algo, volver a hablarlo con franqueza.
  5. Si hay muchos problemas igual es que “el sexo no era el verdadero problema” y es otro aspecto de vuestra relación el que necesita solución.

Si hay amor, confianza y buena comunicación, el sexo puede ser íntimo y también ampliado. No existen barreras para unos novios/maridos que se aman de verdad y todo lo que hagan puede estar lleno de diversión y goce. Hablar, hablen, hablen… que, si tu queres, todo está permitido en su relación y todo puede ser inmensamente gratificante. La rutina se puede superar jugando a sorprenderse en el vestuario de unos grandes almacenes o simulando roles. También jugando con terceros o visitando un lugar de encuentro para platicarle después lo que experimentaste. Si van a abrir la relación, hacerlo bien y que la permeabilización de nuestra pareja sea un proyecto también compartido por ambos. Por encima de todo, y esta vez lo digo en plural, quiernase, maricones. Un beso y ¡¡hasta prontito!!

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Nací un 7 de septiembre por ahí del año del devastador terremoto que acabo con la vida de muchas personas en México, siempre apoyando a la comunidad en general, generando proyectos de vida, creando y desarrollando ideas. Soy todólogo entre mis pasiones está el diseño gráfico y web, escribir y amar. Chavo inteligente, enojón, luchón, huevonsin, atractivo, comelón, deportista, directo, amoroso.